EL DINERO NO DA LA FELICIDAD PERO, ¿AYUDA?

Es probable que cualquiera de nosotros si visualizáramos que ganamos un premio importante de lotería pensaríamos que a partir de ese momento se van a acabar todos nuestros problemas y podremos por fin ser felices.

Sin embargo, Angus Deaton, economista con el Centro de Salud y Bienestar de la Universidad de Princeton, y su colega Daniel Kahneman realizaron un estudio donde incluyeron preguntas sobre la felicidad cotidiana de la gente y lo satisfecho que estaban con sus vidas en general. Una vez encuestadas las 450.000 personas, los resultados mostraron que la felicidad aumentaba a medida que se incrementaban los ingresos, pero ese efecto se anuló al llegar a los 75.000 dólares. Deaton comentó que pasar de un trabajo en el que se gana 100.00 dólares al años a uno que le pagan 200.000 no necesariamente implica que sea más feliz en el día a día.

Es decir, que tener el dinero que nos permita “disfrutar” de ciertos caprichos es positivo, pero que a partir de ahí no se va a ser más feliz por poseer más riqueza.

felicidad

Hay también diversos estudios donde se comprobó que cualquier cosa que compremos (un coche, un piso, un mueble, un vestido, etc.) al cabo de un máximo de 2 meses va a dejar de producirnos esa felicidad que creíamos nos iba a aportar indefinidamente. Y es que ya lo dijo Renoir (o por lo menos a él se le atribuye):

Las cosas pierden al ser poseídas todo el valor que tuvieron al ser deseadas, porque el deseo es un artista engañador y mentiroso.

Y no sólo ocurre con el dinero. Tendemos a sobreestimar el efecto que tiene en nuestro bienestar aquello sobre lo que ponemos el foco, como puede ser por ejemplo el amor. Porque las relaciones románticas, aunque muchas veces nos parezca que son la base de nuestro bienestar, son sólo una columna más en la que nos apoyamos. La felicidad no se supedita únicamente a un aspecto. Es por ello que los científicos recomiendan que hay que entender que ni el dinero, ni el amor, ni ningún otro aspecto va a conseguir satisfacernos por sí mismo.

Por lo tanto, aunque sea muy manido lo que voy a decir, quiero, una vez más, animaros a que seamos conscientes de todo lo que nos rodea y aprendamos a disfrutar de todas esas pequeñas cosas, como el descubrimiento de una nueva fachada en una calle de nuestra ciudad por donde pasamos siempre, las diferentes tonalidades del cielo, los cambios de luz en las diferentes estaciones del año, las burbujas de la lluvia en los charcos, el olor de la hierba recién cortada, el encuentro con un amigo, la sonrisa que nos brindó un dependiente o un transeúnte al pasar, el café al despertarnos, una comida, etc., etc., etc.

Hay un ejercicio que me parece muy interesante realizar y es cuando nos vamos a la cama pensar en 3 momentos del día en el que no hemos sentido felices, en los que hemos tenido esa sensación de bienestar. Ello nos puede ayudar a ser más conscientes de esas pequeñas cosas y de cada vez ser más capaces de “saborearlas” al máximo en el mismo momento en que suceden.

Y ahora os dejo un enlace de un monólogo de Buenafuente relacionado con el dinero, (que puede ser otro ejemplo más de pequeñas cosas con las que disfrutar).