Insatisfacción y el círculo del 99

Insatisfacción y el círculo del 99

♫ I can´t get no satisfaction ♫

Parafraseando a sus majestades satánicas, ¿por qué consigo la insatisfacción permanente? Existen ocasiones en que la vida nos depara malos momentos, y nos cuesta mucho estar felices o sentimos la verdadera insatisfacción en nuestra vida. Sin embargo, la mayor parte de nosotros tenemos una vida en la que más o menos la mayor parte del tiempo todo está ‘bien’, donde no hay graves problemas, ¿por qué entonces no somos capaces de disfrutarlo y sentirnos satisfechos? En muchas ocasiones es porque tenemos la falsa creencia de que para estar satisfechos todo tiene que estar bien al 100%, y como siempre va a faltar algo, nunca vamos a disfrutar de la vida.

Insatisfacción

Otro cuento de Jorge Bucay

Quiero invitaros a leer este cuento de Jorge Bucay en su libro “Déjame que te cuente”, que puede ayudarnos a reflexionar sobre ello. Me gusta a recurrir a él porque siempre tiene una historia sencilla y clarificadora para hacernos reflexionar.

El círculo del 99.

Había una vez un rey que siempre estaba triste, que por contraposición, tenía un sirviente que siempre estaba alegre.

Cada mañana entraba el sirviente alegremente con el desayuno del rey. Un día, el rey le preguntó el origen de su alegría.

– ¿Cuál es el secreto de tu alegría, paje?- preguntó el rey intrigado.
– No hay ninguno, Majestad.- contestó con naturalidad el sirviente.

El rey se molestó y lo intimó a que contestara, pero el sirviente no tenía respuesta para su pregunta. Simplemente explicó cómo se sentía.

– Majestad, no tengo motivos para estar triste. Tengo trabajo, esposa, hijos, casa, comida y ropa. De cuando en cuando, me premias con algunas monedas para gastar, ¿qué más puedo pedir?

El rey despidió molesto al paje y se quedó meditando. No concebía que un ser tan miserable fuera feliz. Entonces mandó llamar al más sabio de sus asesores para preguntarle.

– Majestad, es que el paje está fuera del círculo.
– Explícate. ¿Es feliz por estar fuera del círculo?
– No. No es infeliz por estarlo.
– ¿Acaso, estar en el círculo te hace infeliz?
– Efectivamente.
– Y el paje no está dentro.
– Así es.
– ¿Cuándo salió?
– Nunca entró.
– ¿Qué clase de círculo es ese?
– El círculo del noventa y nueve. Para que entiendas, debería mostrártelo en la práctica, haciendo que tu sirviente entre en él.
– Hagámoslo.
– Sólo hay una manera de hacerlo. Debemos dejar que entre por su voluntad.
– Bien.
– Pues prepara una bolsa con noventa y nueve monedas de oro para esta noche. Pasaré por ti. No olvides que sean exactamente noventa y nueve, ni una más ni una menos.

A la noche, el consejero pasó a buscar al rey y se dirigieron a la casa del paje, donde se ocultaron tras unos arbustos y aguardaron al alba.

Cuando vieron la primera luz en la casa, el consejero dejó la bolsa de cuero con las monedas y una nota que decía:
“Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie, cómo lo encontraste”.
Golpeó la puerta del paje y se volvió a esconder para espiar mejor.

El sirviente vio la bolsa y la nota y cuando se percató del sonido de las monedas, entró inmediatamente a la casa, echando el cerrojo.

El paje desparramó el contenido de la bolsa sobre la mesa y no podía creer lo que veía. Estaba embelesado, tocaba y acariciaba las monedas. Comenzó a formar pilas de a diez y cuando llegó a la última, notó que faltaba una. De inmediato comenzó a buscar la moneda faltante, en el suelo, sus bolsillos, los alrededores, en la bolsa. Era imposible, debía estar en alguna parte, no podían ser sólo noventa y nueve, debían ser cien.
– ¡Me robaron!- gritó desconsolado.

No había otra explicación, noventa y nueve no es un número redondo, debía faltar una. Era mucho dinero, pero faltaba una para que estuviera completo. Con cien monedas de oro, no tendría que volver a trabajar.

La cara del sirviente había cambiado, tenía los ojos pequeños y arrugados, el ceño fruncido, la boca con un terrible rictus. El hombre guardó las monedas nuevamente en el bolso, vigilando que nadie de la casa lo viera. Escondió la bolsa entre la leña y comenzó a calcular cuánto tiempo le llevaría conseguir la moneda faltante.

Cuando terminó sus cálculos quedó espantado, tomaría unos doce años juntar lo suficiente para comprar la moneda faltante, siempre que ahorrara todo su salario y algún dinero extra. Debía encontrar la forma de hacerlo más rápido. Tal vez pudiera pedirle a su esposa que buscara un trabajo en el pueblo y también él mismo, podría conseguir un segundo empleo. Haciendo esto, podría tardar unos siete años. Tampoco era suficientemente rápido. Quizás pudiera vender por las noches, los restos de comida. Deberían comer menos para tener más para vender. Tal vez podrían vender la ropa y los zapatos sobrantes. Seguía cavilando sin cesar. El sirviente había entrado en el círculo del noventa y nueve.

Durante los meses posteriores, el sirviente se dedicó a cumplir sus planes. Conforme seguía su estrategia, su humor empeoraba. Hasta que una mañana, el rey le preguntó el motivo de su malhumor. El paje contestó de mal modo. No pasó mucho tiempo, hasta que el rey lo despidió, debido a su mal humor.

Apartar la insatisfacción

Y quiero animaros a que en nuestro día a día seamos conscientes de cuántas veces nos quejamos y no somos capaces de valorar todas las maravillosas cosas que tenemos. Alejad de vosotros esa sensación de insatisfacción, salid del círculo del 99.

Y para un ratito de pequeña satisfacción, sus satánicas majestades