La presión de la autoridad

“Obediencia debida”

Si una persona en una posición de autoridad te ordena que des una descarga eléctrica de 400 voltios a otra persona, ¿podrías obedecer esa orden? La mayoría de la gente responde a esta pregunta con un no rotundo, pero en la Universidad de Yale, el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos durante la década de 1960 que demostró resultados sorprendentes.

Aunque muchos conozcáis ya este experimento, hoy quiero compartirlo e invitaros a reflexionar sobre cómo podemos llegar a comportarnos. Cómo el poder de la presión de las normas hace impredecible hasta nuestra propia conducta.autoritarismo

El experimento

Los participantes fueron 40 hombres reclutados mediante anuncios en los periódicos. A cambio de su participación, cada uno recibió una pequeña cantidad de dinero.

Milgram desarrolló un generador de descargas con niveles a partir de 30 voltios y aumentando en incrementos de 15 voltios hasta llegar a 450 voltios.

Cada participante tomó el papel de un “maestro” que administraba una descarga a un “estudiante” cada vez que se producía una respuesta incorrecta. Mientras que el participante cree que las descargas son reales para el estudiante, el estudiante era en realidad un cómplice que fingía dolor.

A medida que el experimento avanzaba, el participante escuchaba como el alumno pedía ser liberado. Una vez alcanzado el nivel de 300 voltios, el alumno exigía ser puesto en libertad. Más allá de este punto, el alumno se quedaba en completo silencio y se negaba a responder más preguntas. El experimentador entonces instruyó a los participantes para tratar este silencio como una respuesta incorrecta y administrar una descarga adicional.

El resultado final fue que el 65% de los participantes administró la máxima descarga (450 voltios).

Factores para la obediencia total

En experimentos posteriores Milgram fue más allá y cambió cuatro factores que determinaron que la obediencia fuera casi completa (93%).

Distancia emocional de la víctima

Los sujetos actuaron con menor compasión cuando no podían ser vistos y tampoco veían a la víctima.

Cercanía y legitimidad de la autoridad

Si las órdenes del investigador eran dadas por teléfono, la obediencia descendía hasta el 21% (incluso algunos mintieron y dijeron que estaban obedeciendo).

Autoridad institucional

En entrevistas posteriores al experimento, muchos sujetos dijeron que si no hubiera sido por la fama de la Universidad de Yale no hubieran obedecido. Sin embargo Milgram repitió el experimento en un edificio comercial modesto (Asociados de Investigación de Bridgeport)  y aunque algo menor, el nivel siguió siendo notablemente alto: el 48%.

Los efectos liberadores de la influencia del grupo

Al realizar el experimento había dos cómplices que estaban allí para desafiar al investigador, al negarse los cómplices, el investigador ordenó que continuara solo el sujeto. El 90%, siguiendo a los cómplices desafiantes y se negaron a obedecer.

 

¿Podemos tirar la primera piedra?

En este último caso creo que todos podemos sentirnos reflejados, porque ¿a quién no le ha pasado, bien en clase, en el trabajo, en un viaje…, que hay algo injusto, y sin embargo, nadie dice nada hasta que una o dos personas empiezan a protestar y entonces ya lo hace todo el mundo?

Cuando ponemos ejemplos de obediencia extrema, pensamos en el exterminio de judíos por parte de Hitler, o de rusos por parte de Stalin, o el de camboyanos por parte de Pol Pot u otras dictaduras como la argentina. Pero la maldad como producto de la obediencia también es el resultado de fuerzas sociales, las situaciones pueden llevar a gente normal a estar de acuerdo con la falsedad o a ceder ante la crueldad.